Por el periodista Marcelo Bloch.

Hijo de un pueblo perseguido, nacido del vientre de una madre soltera, adoptado por un artesano pobre. Exiliado, por sentencia de los poderosos. Su vida, fue un milagro para los condenados de la tierra. Su milagro mas precioso, organizar un pueblo con la fe inquebrantable de ser libre; sembrar sueños y esperanzas entre los humildes.

 

Traicionado, condenado por los que entregaron su propia historia a los que se creían dueño de todo, torturado y asesinado en una cruz. Los mejores hijos de nuestro Pueblo, terminan escribiendo la historia con su propia sangre.

 

En esta Navidad, que los mercaderes echados del templo, no nos impongan su mensaje. El oído en los mas humildes, los pies en la tierra donde resistimos, la convicción de haber nacido para ser libres, la alegría de seguir remontando sueños.

 

Celebremos, como Jesus, la noche buena en que elegimos como destino la militancia.

 

Si nuestra vida no sirve para la revolución, no sirve para un carajo, entonces.

 

Feliz Navidad

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